24 mar. 2015

Mérida, ciudad eterna: Puente Romano

El más largo de la antigüedad. En los tiempos del Imperio Romano se elevaba sobre el río Guadiana la primera construcción de la ciudad a lo largo de 62 arcos con una longitud total de 755 metros. Hoy en día el puente, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993 por la Unesco, tiene una longitud de 721 m (incluyendo las entradas, 790 m) y descansa sobre 60 arcos, de los cuales 3 están ocultos en las orillas.
 

El Puente Romano sobre el rio Guadiana constituye un paso de primera entidad en la red de comunicaciones romanas y determina la creación de la ciudad de Mérida (Emérita Augusta). Mérida constituyó un nudo de primera importancia en las comunicaciones, tanto de norte a sur como del oeste al centro y el puente fue el primer elemento de la ciudad que fundamentó su razón de ser.

El lugar escogido para su construcción no es casual, se encuentra en una parte del rio de gran profundidad y su cauce se encuentra dividido en dos brazos por una isla que favoreció su apoyo.

 
Su construcción data de la época de Augusto, pero no es el que hoy en día podemos ver. De la obra primigenia se conservan las arquerías del principio y el final del puente, el resto de su extensión ha sido reconstruida en varias ocasiones a causa de los destrozos efectuados por los conflictos bélicos y las grandes crecidas del río.

 
Originariamente tenía dos tramos de arquerías separadas que se unían con un enorme tajamar (parte que se adiciona a las pilas de los puentes) que se extendía aguas arriba para frenar la fuerza de la corriente. Este fue destruido a casusa de una gran riada y fue sustituido en el siglo XVII por cinco nuevos arcos que dotaron de unidad a todo el puente. Sobre los restos de este tajamar se construyó una rampa de descenso que aun hoy está en uso. En ese mismo siglo se creó un segundo, llamado descendedero de San Antonio. En esta importante reconstrucción de la edad moderna se emplearon sillares extraídos del Teatro Romano de la ciudad.
 
Una de las curiosidades con las que cuenta esta inmensa construcción es su facinum o falo protector para la defensa del mal de ojo. Los romanos los esculpían en muchos edificios públicos por miedo a que los celos de otros pudiesen hacerles daño. En Mérida se han encontrado varios facinum, algunos tan estratégicos como los que se encuentran protegiendo la muralla romana o el acueducto de los Milagros.

El puente soportó el paso del tráfico rodado durante casi toda su historia, pero pasó a ser peatonal el 10 de diciembre de 1991, día en que se inauguró el Puente Lusitania.

 
La crecida del río a principios de abril del año 2013 causó daños importantes en la iluminación artística con la que contaba este gigante romano. Ahora en el mes de abril de 2015, Mérida celebra su segundo aniversario sin disfrutar una noche de la espectacularidad del Puente Romano. Según declaraciones de los posibles responsables de su arreglo, esperan que se ilumine “por arte de magia”, pues de ninguno es competencia.